La Nariz del árbol.

20081227

Introducción


La vida ha pasado cuática ante mi puerta. Ante mi puerta que en realidad no es mi puerta sino una ventana semi-abierta por la que entra un semi-rayo de luz en un lugar mitad claro mitad oscuro con olor a flores y chocolate.
Mis ventanas, a lo largo del tiempo, han estado siempre y lamentablemente, semi-cerradas (semi-abiertas si se quiere, da igual)

No sé bien cuáles han sido los motivos del problema o siendo más precisos, su raíz. Se me hace ridículo sin embargo hablar de raíz del problema, siendo que los únicos afortunados que tienen raíces son los árboles, no los problemas ni los hombres. Me da por pensar entonces que, a falta de raíces, difícil (por no decir imposible) se hace encontrar la solución, o más aún, un pasar estable por el camino verde-rojo.

(A falta de raíces no sólo es más fácil llorar, sino también quedar flotando en el oxígeno medio, que es algo así como la mitad de la atmósfera osea la nada.
Divagar sobre qué cosa multicolor pueda ser la nada no es en todo caso el tema que hoy convoca)

Sin poder hablar entonces de raíz del problema, hombre o tema, sólo queda decir, que el punto exacto es en este caso lo que la Nariz del árbol pueda comunicar respecto a diversas situaciones. (No su raíz entendiendo que una profunda capa de tierra no nos dejaría escucharla)

La Nariz del árbol en cambio es capaz de hablar.
Susurrar, gritar si se prefiere. Aquí la precisión de las palabras no existe.

Doy paso entonces, a los testimonios de la Nariz del árbol.
Y hago la advertencia pertinente: Sálvese quien pueda